La Fragata Negra

SENSACIONES DE MADRID. SENSACIONES DE VARSOVIA

La semana pasada estuve siete días de vacaciones. Como no podía ser menos, aproveché  para ver a mi novia en Varsovia.

 

No les aburriré con detalles del viaje. Voy a hablarles de sensaciones turísticas. Varsovia, la capital polaca, es una ciudad que me eliminó todos los clichés que tenía de ella nada más pisarla. No es una ciudad triste ni desangelada, ni mucho menos pobre y ruinosa. Es un lugar reconstruido a sí mismo que se vale de sus condiciones climáticas para autoaprovecharse. Por ello tiene bellísimos parques que en otoño mezclan las hojas caídas de los árboles con abundante nieve, y avenidas enormes y anchas de estilos neoclásicos. Es una ciudad que vive de los servicios y de la historia. La de sus celebridades, como el genial músico Chopin o el destacado astrónomo Copérnico.

 

El Stare Miasto, el casco histórico de la ciudad, ha sido coloreado por caprichosos decoradores y el Centro de la Cultura -un edificio de más de 30 plantas que sirve un poco para todo-, es odiado por los más viejos del lugar porque fue construido en etapa comunista. Por la noche, decenas de focos de colores lo iluminan brillantemente, compitiendo con los rótulos de las marcas que tienen sus oficinas en los rascacielos más cercanos.

 

Es una ciudad con muchos jóvenes españoles en busca de fortuna o año académico, y los nativos -del que una amplísima mayoría tiene un perfecto inglés-, se paran a ayudarte si estás viendo un mapa. Esa es Varsovia. Una ciudad de cielo gris que lucha por tener color.

 

No como Madrid. Les confieso que cada día que tengo que pasar por la capital española, más la odio. Me atrevo a decirles que Madrid no tiene personalidad. Es la capital más ácara que he visitado, sin respirar, como les digo, una personalidad propia. Y la sensación que me transmite es, a todas luces, negativa. Puedo confesarles también, que sentía más inseguridad en la capital española que en la mismísima Nueva York o la "city" londinense. Madrid tiene partes que son bonitas, pero tienen más de 500 años. El metro es hostil, carísimo, ineficiente y sucio. Con un mendigo o cantautor en cada estación. Lleno de personas que se miran las unas a las otras con cara de sospecha y mano en la cartera. O leyendo sin transmitir,a pesar de ello, el mínimo atisbo de cultura sobresaliente. Desde el avión o desde el AVE, puede verse a lo lejos la gran boina contaminante que sombrerea la ciudad. No es elegante, es pija. O desagradable. O lo uno o lo otro. Y sobretodo no es acogedora. El Retiro o el Campo del Moro han perdido el encanto que tenían, y los barrios pasan a ser cada vez más inestablemente multiculturales.

 

La Castellana se ha atrincherado a sus grandes empresas y la Gran Vía es tan tan tan comercial, que apesta. Soporta un tráfico horrible, imposible de aparcar cuando vas al centro, la gente va con prisas y hay que tener suerte para encontrar a alguien agradable. Desconfiada. Contaminada. Degradada.

 

Vayan a Barcelona, vayan a otras capitales y exprésenme su opinión. Y díganme si les gustaría vivir en esa capital o en otra. Yo, por infortunio y visto el progreso social e institucional que está llevando, me quedo con cualquier otro sitio.

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